lunes, 16 de septiembre de 2013

Belén o "quien quiera que se quede en casa".

No sé hasta qué punto Belén se da cuenta de lo que ha creado. "¿Pero quién dice que en Oviedo no hay nada?" ya tiene web ¡Y qué web!
Esto es construir. Esto es, sin duda, querer y luchar por un mundo mejor. El arte es ese mundo, y esta página es el puente entre el aburrido sofá; la tarde sorda de domingo; el agotador jueves; y las ganas de estar en ese "otro lado".
He hecho un pequeño dibujo inspirado en una de tantas portadas de revistas y libros del grupo expresionista alemán Die Brücke, El Puente. Un pequeño regalo, un salto de alegría.
Enhorabuena, Belén.



lunes, 12 de agosto de 2013

La vida (II)

Valencia me revuelve porque tengo muchas páginas escritas encima de demasiadas cosas sin cerrar. Pequeñas e insignificantes cosas, cositas sin cerrar.
Valencia me devuelve a lo que nunca volverá: la moto, el tinte y mis botas militares; las loves, La Velvet y el Wha Wha entre besos nuevos y despreocupados; no volverá la sensación de hogar nunca más no volverás tú. Tú tampoco volverás.
Valencia me da bofetones familiares. Me da cal y arena y recuerdos amargos que vienen cada poco tras una absurda conversación madre-hija.
Y me llena de lágrimas Valencia porque la Calle Ramón Llull murió; se apagó también la luz del salón donde me dejaba dormir después del sexo de borrachera en su cama; y también murió la okupa, y hasta El Carmen que una vez fue mi pueblo y mi hotel, mi trabajo y mis rayas, desapareció.
El olor a jazmín ya no tiene nada que ver con ella y, sin embargo, huele tantísimo a nuestras noches de verano que dejó de ser jazmín hace diez o doce años. Se volvió sueño, luego dolor, luego ternura. Ternura y dolor es el jazmín, y veranos besándome las manos entre sueños al llegar a casa.
Las páginas de mi vida (nada excepcional por otra parte) que en vez de escribir cincelé, sepultando para siempre capítulos que bien podían haber quedado marcados suavemente, con un dobladillo en su esquina, para recuperarlos en algún momento.






martes, 16 de julio de 2013

La vida (I)

 

Siempre me costó muchísimo concentrarme para cualquier cosa, ya fuera aprender música, leer cualquier libro, o prestar atención a la profesora de latín ¡Que era tan apasionada enseñando!
Yo creo que perdí la capacidad de concentración por culpa de soñar despierta constantemente hasta altas horas de la adolescencia: horas, días, exámenes, trabajos, y hasta los primeros conciertos. Al final se me gastó el sueño y me quedaron atrás todas las oportunidades. Me quedé también con una constante sensación de pérdida de tiempo. Y ahora, me cuesta tanto que os juro que me duelen los genes, las monjas, mis padres, aquella vecina rubia y mi nula capacidad de remontar el tiempo que dejé ir (que nunca es solo eso, claro).
Tras la lamentación me quedo siempre con un pensamiento resignado o buen consuelo de tontas: que bien podría haber sido una lumbreras, pero yo esta vida no se la cambio a nadie.

lunes, 10 de junio de 2013

Las idioteces se curan: el Louvre y Amenofis.

Yo vi a Amenofis IV en el Louvre. No sé si me quedaban pañuelos, porque llevaba desde el día anterior llorando como una Magdalena: las Venus, los Horacios, Las bodas de Caná ¡La balsa de la Medusa!...y la paz del escriba sentado.
Fueron horas de auténtica abducción y catarsis. Miles de años, cientos de dioses y diosas ya extintos. Historias y mitos a veces conviviendo hasta la total confusión. Yo ya me imaginaba a la Niké de Samotracia dándose una vuelta por aquellas playas, abriendo y cerrando sus alas sin prisa, vigilante, y a toda la isla mirando hacia arriba y comentando si el chitón nuevo de Viki no era demasiado vaporoso esta vez. El Louvre la tiene en un sitio magnífico, saludando y advirtiendo que no es broma, que el ser humano pasa por la historia como un gusano cruel, y también como un auténtico mago. Y pasamos por su lado mientras subimos las amplias escaleras que preside, y nos mareamos porque somos tantas y tantos los que, en realidad, subimos a un barco...
El Louvre fueron dos días, unas 15 horas, hambre y dolor de corazón, pero creo que es una de las experiencias más bonitas de mi vida.
Un gran momento fue estar frente a la estela de Hammurabi. Madre mía, pensé cuando pude hacerlo, qué barbaridades pone ahí, pero qué feliz me siento. La ley dura como la piedra sobre la que se graba. Ahí está la ley del Talión.
Mi otra pérdida de conciencia, y que me perdone la sosa Mona Lisa, fue ver a Amenofis IV ¡Qué tío! Se la jugó, la verdad, en vez de seguir la corriente milenaria que tan bien venía a la curia eclesiástica de la época y a los ricos, va y se monta un monoteísmo ¡Valiente!
Cómo impresiona ver el trabajo de una persona de hace 3000 y muchos años, ver ese retrato que  mira, que se podría tocar.
Todo esto para que yo hoy encienda la tele, ponga National Geographic Channel, y me digan que Amenofis IV pudo haber sido un extraterrestre que vino a construir pirámides y templos. Francamente, menos mal que en estos museos una recobra la esperanza, porque vaya idioteces.

domingo, 5 de mayo de 2013

Yo ya no paso ni una.

Llevo todo el día encabronada por los chistes fáciles sobre las mujeres, las putas, las chachas... ¿Alguien hace chistes sobre los muertos en Siria? ¡Venga, animarse! Vamos a meternos con la gente que murió gaseada por los nazis, o con esas chicas que asesinan de una forma terrible... ¿Nos reímos un poco de las niñas que se prostituyen en Tailandia? Eso sí son dramas, eh? ¿Algún padre con hijas anoréxicas? ¡Ooootro chiste!
Ni jodida gracia ¿Verdad? Pues el principal destino de mujeres SECUESTRADAS sudamericanas son los burdeles de España. Pero cómo sonríen las chicas, verdad? ....... España, donde cada mes es asesinada una mujer o un hijo a manos del "compañero". Ellos son más discretos, se suicidan en silencio.
Donde tarde o temprano se abusa de un porcentaje escandaloso de chavalas (es que se visten como putas) o donde moriremos abortando en una mesa de cocina si seguimos así (¡Haber cerrado las piernas!) Este país, donde mi abuela tenia que pedir permiso para llevar dinero encima y, desde luego, no valía para estudiar  porque, claro, la mujer a la cocina. Donde nuestra primera relación sexual será, seguramente, "no muy consentida" porque somos unas estrechas. Ah, y donde muchas madres, por haber criado a lxs hijxs y haber llevado una casa, no tienen paro, ni paga ni leches (vagas).
¿Alguna mujer en la sala está libre de algún abuso? Yo creo que todas tenemos alguna historia que contar que, de alguna forma, hemos borrado o minimizado ¿Algún hombre sabe lo que es un abuso? ¿El acoso sexual? ¿El piropo asqueroso de un tío que ni te va ni te viene? ¿La miradas de un montón de "jabalies" al pasar? Venga chicos, hacer memoria ¿La discoteca con 16 añitos? ¿Aquellas niñas fáciles y blandas?
Publicidad, dietas, turismo sexual, mujeres floreros, delgadez, anorexia, "iba borracho", "iba borracha", "eso es de chicas", las visten como putas... ¡TÍA BUEEEEENA!  ...¿Hace falta seguir con más ejemplos?
No tiene ni jodida gracia. Feminsta o no, la realidad de lo que tenemos que aguantar todavía (y eso que tenemos que agradecer vivir en este país) es asquerosa.
Ni Mongolia, ni chistes, ni hostias, yo ya no paso ni una.

miércoles, 24 de abril de 2013

Reflexiones sin respuesta.

Tendría no más de 6 años porque todavía vivía en el piso de arriba de la guardería. Me recuerdo como a los 9, como a los 14, y un poco como ahora también.
Mi madre me "obligaba" a leer un poquito antes de dormir, y a mi me costaba tantísimo ya concentrarme, que de un día a otro no recordaba aquella historia de la gacela, o aquella otra tan divertida del pirata Garrapata. Me sigue costando, todo hay que decirlo.
No tengo grandes detalles ya que de esa época no recuerdo más que haber caído enferma de acetona, que tan de moda estaba, una noche de Reyes, el teléfono rojo que pasaba de la habitación de mi hermana a la mía, o la casita de tela que había en mi cuarto. Esa casita, esa cueva, ese refugio que ya con 6 años, era un lugar privilegiado donde pasar el rato, y donde esconderse de Luisa, que me ponía las vacunas e inyecciones cuando alguna vez enfermaba. Claramente prefería la casa de tela al parque. Más adelante preferí que lloviera, para ver una película o cantar en la parroquia, a estar haciendo actividades los domingos de 'Juniors'. Siempre preferí estar con una a con varias personas, el bar a la discoteca, el conocido al "por conocer". Casi no recuerdo el colegio, y a duras penas sí guardo fotografías en mi mente de los estupendos campamentos de verano.
Poco a poco quise cambiar, y me gustó, y me sentí feliz e independiente, pero nunca terminé de comprender por qué fui así. Por qué andaba sola, tan pequeña. Por qué me ponía nerviosa al jugar con otros 20 amigos y amigas a pillar o a las guerras de agua. Agua. Eso sí que me gustaba mucho. Nunca le tuve miedo, y siempre me gustó especialmente la piscina. A las 3 de la tarde, cuando en el polideportivo no quedaba nadie. Nadar, bucear, flotar... qué guay, el agua. Años más tarde, una gran persona me dedicaría la canción de Family, Nadadora, que quedaría cincelada en mi corazón como una gran columna de respuestas, para siempre: tiene azul el corazón de nadadora.
Nadadora, pero mejor sola.
Y todo esto para reflexionar sobre un acontecimiento aislado que no sé por qué quedó atrapado en mi cabeza como un trauma que aún me causa incomodidad. Tenía esos 6 años, en aquel piso de encima de aquella guardería, en aquella habitación con aquella casa de tela. Obligada a leer un cuento maravilloso de Pilar Mateos, Historias de Ninguno, me vi en mi cuarto un poco angustiada. Estaba inquieta y no era miedo, era como una necesidad de vaciar mi recién estrenada cabeza. No me encontraba bien, y ni siquiera sabía muy bien qué era. No dolía.
Había en el pupitre unos lapiceros, una goma grande y verde de Milán, unas tijeras pequeñas de plástico amarillas y poco más. Recuerdo no sentirme bien y encontrar un tremendo alivio clavando las uñas el aquella goma de Milán. No sé muy bien cómo, pero acabé despedazando la goma con las tijeras, sintiendo un extraño desahogo cada vez que un trocito caía encima del pupitre.
Me castigaron. No supe responder al por qué lo había hecho. No dije nada. No me atrevía a decir que había sido yo, con el consecuente interrogatorio a mi hermana pequeña. No entendía la mesura de la bronca, cuando me había aliviado esa angustia tan grande: La goma destrozada, cual éxtasis de sábado noche. Como cana al aire. Como clavar los dedos en la almohada de cuna hasta bien entrados los 30. Como sentir un gran alivio cuando, en realidad, solo se está destruyendo. Y lo peor de todo: sin saber muy bien por qué.

jueves, 7 de marzo de 2013

Louise Bourgeois.

8 de Marzo de artistas, de mujeres artistas, de cultura y reivindicación.

Hace tres años moría Louise Bourgeois, hace tres años yo escribía lo siguiente para el blog de Brujabrújula:

La vida de Louise Bourgeois empezó como la de tantas otras mujeres de principio del siglo XX: entre telares, hilos y remiendos. En su caso particular, entre los tapices que restauraban su padre y su madre.

Pero Bourgeois estudió matemáticas, geometría y arte. Supo remendar y vengar su pasado con la propia obra a modo de terapia constante. Sus esculturas e instalaciones, su obra plástica, objetual y contextual entera, no fue otra cosa que pura arte-terapia, cómo no, reconocida más bien tarde.

Encontraremos en la obra de Bourgeois muchas conexiones con la estética matriarcal en la que vida y arte quedan unidos (…a través de esta comunión, la mujer se expresa siendo consciente de su propio sexo). Las reflexiones de Bourgeois mostraban más que un simple apoyo por ciertas ideas planteadas de distintos feminismos. Parte de su extensa obra, llena de cualidades postmodernas, reflejan el multiculturalismo y feminismo vinculados al postmodernismo de los 70 y 80. Burgeois transmite la libertad de una artista que consiguió ser una misma.

Desde luego, el feminismo siempre guarda en su corazón y su memoria a mujeres valientes y libres, independientes y justas, que se enfrentan al sometimiento patriarcal con armas tan potentes como la propia vida; el propio arte.