miércoles, 11 de abril de 2012

Alguna queja y un collage.



Lo que tengo ahora mismo en el día a día cabe en un collage, pero me cuesta meterlo en las poquitas horas que me dejan las obligaciones: Duermo entre 5 y 7 horas, trabajo 8 pero preciso casi 10 entre autobuses y cambios de ropa.
Blogueras.as, Repercusión Feminista, las redes sociales, la cocina, el piso que esté decente, no echar mucho de menos a Grisú, y el amor, porque amigas, una no puede permitirse estar siempre agotada para el amor (novia, familia, amigas/os...)
El primer paso ha sido pedir un cambio de puesto en la empresa. Ahora el cansancio físico es mayor pero la cabeza me la dejan tranquila. Los turnos me van a permitir ver más el sol, disfrutar más de la luz, que me hace tanta falta. Y, sinceramente: que si me tengo que romper los cuernos no sea por una multinacional que no mira por mi.
Desmenuzo mis horarios para ser más consciente del tipo de vida que llevamos tantas personas -y no te quiero contar las madres a jornada partida-

Y miro el periódico, ojeo Facebook, leo atentamente las quejas y la rabia de mis amigas y compañeras blogueras,y me agoto. Me agota marchar hacia atrás, me cansa que decidan por mí, me enloquece volver a ser invisible, me irrita que un hombre que va contra su propia naturaleza diga que yo soy la que nací torcida.
Entonces, ese puñadito de horas que tengo para el activismo en la red, en la calle, se convierte en una lucha contra los elementos. El más relevante, el puro cansancio a darle la vuelta a lo mismo. Es aquí cuando me entristece descubrirme rabiosa, descreída y violenta, porque lejos de los caminos de siempre -que ahora también serán ilegales y considerados terroristas- lo que francamente me apetece a bote pronto es llevar siempre encima una caja de cerillas... Luego le echo un vistazo al collage y me tranquilizo.