domingo, 6 de mayo de 2012

El mejor camino posible.




Ha pasado mucho tiempo, en concreto 9 años. Yo viví en Francia, en la Alsacia un poco pija, en el Estrasburgo impoluto y de cuento.
Con tanto bombo francés estos días una se pone a recordar, ya sin melancolía –porque mira que me costó el puñetero post Erasmus- que una vez fui un poco francesa. Allí aprendí muchísimo en la escuela de Arte; le perdí un poco el miedo al dibujo, aprendí a forjar, aprendí francés, aprendí a respetar y a comprender el arte conceptual, y me sentí libre como jamás me volví a sentir en la vida. Me enamoré, me emborraché. Todos los días había una exposición, un concierto. Todo era arte, hormona y libertad. Todas y todos éramos iguales, y todos los días cantábamos. Y lo hacíamos tan bien; como niñas y niños: sin mácula.
¡Todos los días cantábamos!
Una a veces se pregunta cómo se puede sentir bien alguien a quince grados bajo cero y yendo en bicicleta a todas partes. Así era.
Fue un año muy convulso en España: las elecciones que ganó Zapatero, los terribles atentados del 11 de marzo, las manifestaciones contra la guerra. Yo me alegré mucho de que ganara Zapatero y esa tarde muchas amigas me mandaron correos y mensajes. Lo celebré, llamé a mis padres y brindé por ello con mi amiga española del alma, Bea Setién -ahora bailarina estupenda y artista completa-

Echo de menos lo de ilusionarme con la victoria de un partido político. Seguramente aquello era mucho desconocimiento e inocencia. Seguramente era la rabia y el odio al PP que nos había llevado por el camino de dios y todos los santos aquellos años. Seguramente era confianza.
Amigas, qué bonito fue ser francesa, qué maravillosa ilusión por tantas cosas, y qué durísimo fue darse cuenta de que aquello sólo era parte del camino, no su destino.
Francia ha marcado tanto la Historia de este Viejo Continente como a mí mi pequeña historia personal. Yo sólo espero que si lo sigue haciendo lo haga por el mejor camino posible.