lunes, 10 de junio de 2013

Las idioteces se curan: el Louvre y Amenofis.

Yo vi a Amenofis IV en el Louvre. No sé si me quedaban pañuelos, porque llevaba desde el día anterior llorando como una Magdalena: las Venus, los Horacios, Las bodas de Caná ¡La balsa de la Medusa!...y la paz del escriba sentado.
Fueron horas de auténtica abducción y catarsis. Miles de años, cientos de dioses y diosas ya extintos. Historias y mitos a veces conviviendo hasta la total confusión. Yo ya me imaginaba a la Niké de Samotracia dándose una vuelta por aquellas playas, abriendo y cerrando sus alas sin prisa, vigilante, y a toda la isla mirando hacia arriba y comentando si el chitón nuevo de Viki no era demasiado vaporoso esta vez. El Louvre la tiene en un sitio magnífico, saludando y advirtiendo que no es broma, que el ser humano pasa por la historia como un gusano cruel, y también como un auténtico mago. Y pasamos por su lado mientras subimos las amplias escaleras que preside, y nos mareamos porque somos tantas y tantos los que, en realidad, subimos a un barco...
El Louvre fueron dos días, unas 15 horas, hambre y dolor de corazón, pero creo que es una de las experiencias más bonitas de mi vida.
Un gran momento fue estar frente a la estela de Hammurabi. Madre mía, pensé cuando pude hacerlo, qué barbaridades pone ahí, pero qué feliz me siento. La ley dura como la piedra sobre la que se graba. Ahí está la ley del Talión.
Mi otra pérdida de conciencia, y que me perdone la sosa Mona Lisa, fue ver a Amenofis IV ¡Qué tío! Se la jugó, la verdad, en vez de seguir la corriente milenaria que tan bien venía a la curia eclesiástica de la época y a los ricos, va y se monta un monoteísmo ¡Valiente!
Cómo impresiona ver el trabajo de una persona de hace 3000 y muchos años, ver ese retrato que  mira, que se podría tocar.
Todo esto para que yo hoy encienda la tele, ponga National Geographic Channel, y me digan que Amenofis IV pudo haber sido un extraterrestre que vino a construir pirámides y templos. Francamente, menos mal que en estos museos una recobra la esperanza, porque vaya idioteces.

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