martes, 16 de julio de 2013

La vida (I)

 

Siempre me costó muchísimo concentrarme para cualquier cosa, ya fuera aprender música, leer cualquier libro, o prestar atención a la profesora de latín ¡Que era tan apasionada enseñando!
Yo creo que perdí la capacidad de concentración por culpa de soñar despierta constantemente hasta altas horas de la adolescencia: horas, días, exámenes, trabajos, y hasta los primeros conciertos. Al final se me gastó el sueño y me quedaron atrás todas las oportunidades. Me quedé también con una constante sensación de pérdida de tiempo. Y ahora, me cuesta tanto que os juro que me duelen los genes, las monjas, mis padres, aquella vecina rubia y mi nula capacidad de remontar el tiempo que dejé ir (que nunca es solo eso, claro).
Tras la lamentación me quedo siempre con un pensamiento resignado o buen consuelo de tontas: que bien podría haber sido una lumbreras, pero yo esta vida no se la cambio a nadie.

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